Hace una
semana decidí hacerme un tatuaje, aparté cita y todo... pero mi gato (que se llama “Eskorbuto”)
se enfermó… lo llevé de urgencias al veterinario. Seiscientos pesos el chistecito,
pero no fue todo, ya que por hiperactivo se lastimó a los días y tuve
que llevarlo de nuevo porque se le abrieron los puntos al intentar salir por la
ventana más alta de la casa. Terminó en cirugía y otros seiscientos pesos.
Adiós tatú…
Pinche gato
culero… cómo te quiero. Más vale que te alivianes, me costaste un buen tatú. Y
no te quiero extrañar. Sale más caro
cuando te enfermas tú. Yo directo a una farmacia de genéricos con doctor de
treinta pesos y ya quedo… pero bueno, cúrate y sigamos el desmadre… y ya dejo
de escribir porque de todos modos los gatos no saben leer.
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